Aquí estoy ante una hoja blanca y tinta
negra, los mismos colores de nuestras pieles, nuestra única marca diferencial
como deportistas, la de ellos, los africanos y la mía un atleta popular
europeo, su cualidades, capacidad y adaptación a la carrera innatas.
Las siguientes líneas no son más que una
líneas “inspiradas” por los niños etíopes de la foto adjunta, (de izq. a drcha)
Mabruk, Tewdros, Nabiyu y la
niña
Tibizt y me sirven para plasmar mi relación con el deporte, el atletismo,
concretamente y con los deportistas africanos, porque estos niños quieren ser
atletas, ser atletas (siendo etiope, se lleva en la sangre) quieren imitar a Gebreselassie, se lo hacían
llegar a un responsable, una amiga, de la Asociación INFANCIA FUTURA, y lo que “escribian” también es una forma con
cabida en el titulo del artículo, porque no deja de ser otra forma de relacionarnos
entre “atletas”
Los niños, le escribían su ilusión para hacer
deporte, ser atletas y ella me trasladaba, sabedora de mi relación con el
atletismo su carta, necesitaban equitación, ropa, zapatillas…… y ella me la
remitía; más fácil no pudo ser, dos llamadas, un mail y solucionado, estaban
equipados, no tiene más valor que la sensación que te da el poder ser un poco
Rey Mago, unido al deporte y atletismo es algo que me hizo ilusión.
Pero estos niños de Nabiyu,
Nabruk y Tibizt necesitan un poquito más, son
huérfanos, están en el orfanato Tsion de Addis
Abeba y tienen
que salvar una gran distancia para ir y volver del colegio cada día, 16 € al mes cada uno, si alquien cree que puede y quiere
ayudarles, puede recabar información en infanciafutura@yahoo.es
Son una
organización de toda confianza y respondo por ellos personalmente, si sirve de
algo.
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Y esta petición me hizo recordar,
“viejos tiempos, viejas batallas de asfalto”……………….
La vida me ha concedido la suerte de
compartir y disfrutar de grandes momentos atléticos, batiéndome el “cobre” con
ellos, con los mejores por un lado, disfrutar como espectador junto a sus
compatriotas de los triunfos de sus atletas y compartir entrenamientos,
charlas, con sus jóvenes atletas, concretamente etíopes, de la población de
Wukro (provincia de Tigray) y así constatar que el deporte es un lenguaje
universal, el cual sirve de medio de confraternización por un lado y de aporte
de valores positivos por otro.
A nivel competitivo, siempre me producía
escalofríos estar ante grandes “monstruos” del atletismo mundial y poder
compartir carreras con ellos, ya que hacerles la minima de la sombras era
impensable, pero la cinta de salida me, nos acercaba a Haile Gebresalise, Paul
Tergat, Zerzenay Tadese, Gebremarian y tantos otros menos conocidos,
compitiendo en maratones, medias maratones y algún cross.
Siendo quienes son a nivel mundial, su
humildad y afabilidad es una característica de todos ellos, siempre con una
sonrisa y amabilidad prestos a una foto, con un desconocido, pero compañero de
asfalto o barro, según se terciara la “pelea”.
Mi mayor acercamiento a la élite atlética ha
sido a través de la mujer africana, la cual ha podido estar a mi alcance y
siempre recordaré la Maratón de Berlin del 2004 donde corrí codo a codo con
ellas etíopes, kenianas y una alemana, luchando de igual a igual, ellas peleaban
por ganar el prestigioso maratón, yo buscaba mi mejor marca y donde todos
éramos iguales y el agua, tan vital en esta carrera, circulaba entre todos,
ellas, sus liebres, yo y algún atleta más que conformaba el grupo, sin distinción de sexo ni color, el
compañerismos no está reñido con la competición. Al igual ocurrió en la Media
Maratón de Paris 2008, donde en la lucha por la victoria femenina fui parte
activa, la ganadora, keniata la cual se pudo sentir “perjudicada” por mi
esfuerzo a favor de la segunda corredora por llevarla a la cabeza, pero al
cruzar la meta, los saludos y las felicitaciones entre ellas y yo, no dejaron
hueco a reproches o malos gestos.
Esta es una faceta del deporte “profesional”
en su caso, aficionado en el mío pero que ante el asfalto a todos nos hace
iguales en esfuerzo y sacrificio.
También he vivido el atletismo, con un país
Etiopia y sus gentes, donde el atletismo es motivo de orgullo y reconocimiento
en el resto del mundo debido a sus grandes fondistas. Estaba en Ehtiopía en los
Mundiales de Atletismo 2009 y en un país con pocas alegrías, sus deportistas
intentan y consiguen dárselas, llenándolos de orgullo y el hecho de compartir,
vibrar y animar, codo a codo, yo, un occidental junto a ellos las victorias de
Kenenisa Bekele, hacía que todos fuéramos uno, sin importar nuevamente color de
piel ni procedencia.
Y por último como indicaba al principio, una
de las mejores experiencias es poder estar con jóvenes, de cualquier condición
y/o parte del mundo, en este caso Africa – Ethiopia, pudiendo compartir sus
condiciones de entrenamiento y los medios de los que disponen estos chicos.
Todas las historias que hemos oído sobre los
atletas africanos estaban condensadas en el grupo con el compartía tiempo y
esfuerzo:
La pista de 400 mts era un descampado, el
patio de un colegio, con las “calles” marcadas mediante surcos de arado, donde
se mezclaban, atletas, vacas y ovejas . (Si os fijais en la foto veis las "calles" de la "pista"
El equipamiento de lo más variopinto:
descalzos, zapatillas con más agujeros que tela, zapatillas de plástico, etc ,
ropa de calle, pantalones de lona y cazadoras del mismo tipo, camisetas, chandals
de todo tipo y condición.
Seguro que la IAFF, no homologaría el marcado de la pista a base de "pico", ni ahora permite correr, competir descalzos.................pero allí era lo que había.
Pero en el momento de empezar a correr, a
entrenar, estas “minucias” quedan relegadas al olvido.
Estas zancadas compartidas con ellos, con esos chicos y chicas de Wukro,
las compartidas con los grandes atletas y con mis compañeros de fatigas de aquí
de España no hace sino reafirmar mis ideas sobre los beneficios del deporte en
esta sociedad nuestra y en aquellas más lejanas para algunos, tan cercana y
querida para mí y aun a sabiendas de otros beneficios posibles, constate que el
deporte puede llenar en cualquiera de los ocupa el tiempo libre.
En muchos
lugares en el tercer mundo, al caer la tarde los jóvenes se
reúnen entorno a campos de deporte donde los hay, allí se producen charlas,
risas, juegos, gritos, ánimos, muestras de pundonor, lucha, sacrificio, alegría
en definitiva, de todos, de los que participan, de los que animan o de los que
simplemente van a charlar, a coquetear.

El recinto deportivo es algo más
que un simple lugar donde pasar y ocupar el tiempo libre. Allí puedes aprender
las leyes del deporte limpio, del esfuerzo, del concepto de equipo, de la
amistad. Allí se cultivan relaciones en un ambiente de igualdad, de amistad,
donde el hablar, donde la palabra, tan importante en África (la tradición y la
trasmisión oral en este continente es fundamental aún hoy en día para preservar
su historia y sus tradiciones), cobra ese sentido que ayuda a reforzar
amistades, levanta ánimos y ayuda a las comunidades a poder vivir de una manera
más sana y digna.
El deporte, en mi experiencia con
ellos, con los deportistas africanos, en este caso, aficionados y
profesionales, con los espectadores africanos, no conoce de colores ni de
sexos, solo de sacrificio, de esfuerzo, de compañerismo y donde la victoria o
la derrota, son parte del juego, tras el cual todos habremos avanzado en
nuestro desarrollo moral y físico por un lado y habiendo seguro mejorado
nuestras relaciones públicas, sociales y multiculturales en mi caso y seguro
que en el suyo también.