
El Deporte escolar, el Deporte con niños debe promover los
valores que el deporte debe y puede desarrollar.
Las prácticas que se organicen deben buscar el desarrollo
integral, el desarrollo del cuerpo y de
la mente, de la autoestima, el sentido ético y moral, de responsabilidad, de
autonomía, de superación y de relación y aceptación de los demás, aceptación de
las normas, de cooperación, responsabilidad, etc. y todo esto en un clima lúdico y de disfrute.
El deporte es una institución, una forma de vida por su
complejidad, no podemos abordar el estudio de la educación física y deporte en
términos puramente técnicos y su trascendencia social hace que muchas veces sea
un elemento señero a la hora de conseguir fines e integraciones que de otra
forma parecerían impensables.

Quizás y según como lo veamos y desde donde podremos
escuchar y aducir discrepancias con lo expresado y más desde nuestra sociedad
absolutamente competitiva a todos los niveles, incluido el relacionado con el
Deporte, estas críticas o desconformidad, bien podría basarse
en la progresiva relevancia del deporte como fenómeno
social y su forma de practicarlo, poniendo en tela de juicio su aspecto
formativo en lo referente fundamentalmente a los valores éticos, derivados de
una mal concebida rivalidad que traspasa las propias pistas de deporte,
trasladándose a las gradas, de ahí a las calles y de estas a ciudades “rivales”
y de una manera cada vez más preocupante derivando en actos de violencia.
De acuerdo con lo dicho anteriormente, queda claro que el
Deporte puede utilizarse con buenos y malos propósitos. Bien aplicado, puede
enseñar resistencia y estimular un sentimiento de juego limpio y un respeto por
las reglas, un esfuerzo coordinado y la subordinación de los intereses
personales a los del grupo.
El deporte, como quisiera entenderlo o que se entendiera
para su aplicación y extensión por aquellos lugares que nos ocupan, está
relacionado con el disfrute, con la posibilidad de relacionarse con otros, el
desarrollo y mejora física y de la salud, el desarrollo de la autoestima, con
vivir nuevas experiencias, aliviar el estrés y que su práctica esté muy
relacionada con el fomento de una serie de valores y comportamientos
relacionados con el afán de superación, la disciplina, el autocontrol y la
responsabilidad.
También se podría considerar la función moral del
deporte, entendiendo deporte como una escuela de civismo y moralidad, que
desarrolla cualidades como, “la lealtad frente al adversario, el compañerismo,
el respeto hacia las reglas, disciplina, conocimiento de sí mismo y de sus
reacciones, comprensión de un medio social y de sus dificultades, nociones de
higiene, dietética, regímenes de vida y primeros auxilios, dándole a su vez la
posibilidad de enfrentar problemas de organización, permitiéndole el desempeño
de ciertos roles”.
Si
creemos lo anteriormente expresado, significaría ser conscientes de su validez como
herramienta pedagógica necesaria para participar y promover un modelo de
relación educativa que favorezca la igualdad de oportunidades a través de la
integración y, al mismo tiempo, el reconocimiento de las identidades
minoritarias a través de la atención a su diversidad cultural.
Pero por otro lado y en esta parte del mundo, en esta en
la que hemos tenido la fortuna de nacer, en muchas ocasiones tenemos la virtud
de distorsionar las cosas, sobrepasar su esencia y el deporte no escapa a tales
manipulaciones o mal interpretaciones, llegando a hacer que también se destacan
efectos que pueden llegar a ser nocivos, como los factores de competencia, de
violencia, de alienación, de agravamiento de las tensiones y conflictos
sociales y de desunión internacional, ya que el deporte también se ha utilizado
como un instrumento político desde muchos regímenes.
Todos imaginamos más de un ejemplo. (Os recomiendo, a
parte de por su amenidad y por ser uno de los “grandes”, Emil Zátopek, os leáis
el libro “Correr” de Jean Echenoz, también fue utilizado políticamente, uno
entre tantos casos)
Para
el aseguramiento del éxito de esta herramienta
deberemos proponernos la participación de todos los sectores implicados,
lo cual fundamentará en mayor medida el éxito del proyecto, entendiendo que
este proceso debe realizarse a través de una intervención social.
Quizás
suene complejo, pero yo prefiero pensar que en un entorno como el que yo me
encuentro en el colegio de Kitgum, con todos esos niños “apartados” por, de la
sociedad a nivel igualitario, la intervención social podría empezar por el
simple hecho de interactuar con otros niños, con otros colegios del pueblo.
En el
contexto escolar y deportivo, debemos analizar y decidir cuáles son los valores
que merecen ser prioritariamente potenciados en función de los diferentes
planteamientos educativos. La escuela integradora es profundamente educativa
porque reúne a niños que tienen capacidades, intereses y aptitudes muy diversas
y que han de convivir, trabajar y hacer camino todos juntos.
Es por todos sabido o cuando menos aceptado que todo
sujeto adquiere desde la infancia “una gran cantidad de conocimientos sobre
nuestro mundo social, es decir, sobre las personas y nuestras interacciones con
ellas, sobre lo que otros esperan de nosotros, sobre los distintos roles
sociales, sobre nuestra sociedad y su funcionamiento, los sistemas de valores
y creencias, y sobre un sinfín de aspectos de la vida
social” (Turiel, Enesco y Linaza, 1989. Pág. 21). Estas normas y valores culturales de una sociedad
generalmente se ven reflejados en las actividades infantiles, en el tipo de
juguetes o en los juegos que los niños realizan, que juegan un importante rol
en el desarrollo y socialización de los niños.
Pero debemos matizar que todos estos aspectos vendrán
determinados por la sociedad o cultura donde el niño se desarrolle. No es lo
mismo pensar en los valores, creencias, roles o normas de una sociedad
occidental como la española, o estos mismos aspectos relativos a una sociedad
más tradicional de otra parte del planeta. Entendemos entonces las normas y
valores como algo cambiante, influidas por ejemplo por la evolución en las
costumbres familiares, o por la evolución de los avances tecnológicos